Tampoco es que uno venga de una ciudad chiquita. 8 millones de habitantes, muy mal contados, siempre son gente. Fórmelos en fila, si no me cree y verá. Eso es gente. Â
Pero la verdad sea dicha, frente al monstruo desproporcionado que puede llegar a ser el D.F, la verdad es que todos los problemas de una ciudad de 8 millones de habitantes, se ven a medio camino entre la exageración y lo ridÃculo. Â
Lo más palpable está en el tráfico. O como dirÃamos nosotros, los trancones. Â
No fue sino hasta que vivà acá que yo incorpore a mis rutinas el consultar las alertas viales antes de salir de cualquier lado. Y eso que ni manejo. Pero es que si ud no sabe por dónde van los manifestantes (siempre, siempre habrá), por dónde cerraron por reparaciones, y por dónde hay desvÃos sin justa causa, se puede quedar atrapado en trancones de 2, 3, o 4 horas. Â
Suena absurdo, pero es cierto. Â
Incluso han desarrollado un bonito eufemismo al tema. Verán, cuando uno va en un trancon, no va en un trancon: va “a vuelta de ruedaâ€?. Que claro, es la descripción básica de lo que pasa en un evento tan desafortunado: todo lo que ud avanza es lo que le da la rueda por girar, mientras ud mete primera y vuelve a neutro, y primera, y neutro, y primera, y neutro….a vuelta de rueda. Â
Y me perdonan los defensores de tan noble invento (la rueda) pero uno a vuelta de rueda no avanza un carajo cuando su objetivo básico es atravesar una ciudad de 23 millones de personas.  Â
Por eso acá incluso los que no manejamos, tenemos que sacarle el quite al tráfico, o rendirnos ante la evidencia y prepararnos para pasar 3 horas en un carro. Pero bueno, ese es otro tema.